Representar la ciudad de Minas Tirith supone un ejercicio de escala y respeto por la narrativa fantástica clásica. Este proyecto se centra en la reconstrucción del nivel superior, donde la torre y el templo se alzan como testimonios de un pasado glorioso. El diseño no busca solo el detalle ornamental, sino capturar la sensación de una arquitectura inexpugnable esculpida directamente en la piedra de la montaña.
La composición se articula a través de la verticalidad de sus formas y la pureza del material blanco, contrastando la solidez de los muros con la apertura del balcón hacia el abismo. Se ha trabajado especialmente en la iluminación para resaltar la geometría de los arcos y la profundidad de los volúmenes, logrando que el conjunto se sienta como un espacio habitado por la historia y no como una simple maqueta digital.
En esta pieza, la arquitectura funciona como un escenario de poder y vigía. A través de este estudio, el diseño se convierte en un truco de perspectiva: se utiliza la monumentalidad para empequeñecer al espectador y transportarlo al último refugio de la humanidad. Es, en definitiva, un acto de ilusionismo que transforma la fantasía literaria en un espacio arquitectónico tangible.